Desarrollo desde la base: condición necesaria para lograr un proceso de desarrollo urbano sustentable
Silvestre Jaramillo C.
volver Nº 11-12

INTRODUCCION

La discusión sobre el desarrollo, los diversos enfoques desde los cuales es posible concebirlo, los niveles en que este proceso se realiza y las formas de cómo llevarlo a cabo constituyen una temática siempre vigente. Es explicable que así lo sea, pues se trata de una materia que toca directamente tanto las posibilidades de vida de los seres humanos como las calidad de esa misma vida.

Al día de hoy la importancia de esta discusión se ve enormemente acrecentada por el hecho que por primera vez en su historia, el hombre cuenta con los medios no sólo de desarrollar la vida de su especie, sino también de ponerla seriamente en peligro. Diversos autores nos muestran que los recursos naturales, considerados hasta hace no muchos años como ilimitados, han dejado de serlo si se continúa explotándolos en la forma como se lo ha hecho.

Lo anterior abre una seria interrogante sobre las posibilidades de vida de las futuras generaciones.

Criticando esta situación, la de explotación irracional de los recursos naturales, se habla de "pan para hoy y hambre para mañana". Pero con justicia es necesario reconocer que ni siquiera estamos obteniendo ese "pan para hoy", si es que pensamos en el conjunto de la humanidad. Las cifras nos muestran en forma elocuente que la pobreza no disminuye en nuestros países de América Latina ni en el resto del Tercer Mundo (Altieri, Yurjevic, 1994). Tampoco ha sido posible erradicarla por completo del mundo desarrollado, mostrando que el modelo implementado tiene serias limitaciones o quizá muestra signos de agotamiento.

Cada día se hace más evidente que la forma como se ha querido resolver el imperativo del mejoramiento de la vida muestra tales insuficiencias que lo hacen un proceso difícilmente sustentable en el tiempo. Lo anterior es efecto tanto del deterioro de los recursos productivos como de la inestabilidad social causada por la falta de equidad en la distribución de los bienes producidos. Estas consideraciones llevan a la necesidad de seguir haciendo un esfuerzo de análisis a fin de poder replantearse soluciones que, por considerar dimensiones del desarrollo poco valorizadas hasta ahora, hasta ahora, puedan constituir respuestas más adecuadas (Yurjevic A., 1993). La discusión se torna aún más compleja si consideramos que el término desarrollo se usa para señalar problemas y tareas de niveles tan diversos como el del conjunto del planeta, el nivel nacional, regional y local, hasta el de los grupos de base (Yurjevic A., 1995)

En el presente artículo se mostrará que sólo es posible un desarrollo urbano sustentable en el tiempo si el proceso se genera desde las mismas personas y grupos que deben recibir los frutos de un tal desarrollo. Es lo que se ha denominado Desarrollo Desde la Base, enfoque que llama la atención en especial sobre la dimensión humana del desarrollo.

Se señalarán también las condiciones y criterios necesarios de considerar si se quiere hacer realidad un proceso de este tipo en programas con pobladores urbanos.

Los contenidos han sido sintetizados en las siguientes aseveraciones, sirviendo las primeras de fundamento a las siguientes.


1. LA PRODUCCION DE BIENES MATERIALES NO BASTA PARA QUE SE OBTENGA DESARROLLO.

Pese a que la afirmación anterior parece evidente y por lo tanto indiscutible, la práctica muestra que no lo es y que el punto merecer ser analizado evidenciando todas sus implicancias. Al menos dos consideraciones deben hacerse al respecto.

La primera es recordar que en referencia al desarrollo los bienes son tales si responden a la satisfacción de las necesidades humanas. O como lo hace Max Neef es necesario hacer la distinción entre bienes, satisfactores y necesidades.

Debido a lo anterior una verdadera medida de logros en esta materia debe considerar el grado de satisfacción de las necesidades más que la simple cantidad de bienes producidos. Se trata en definitiva de producir para "ser", para desarrollarse como ser humano y no sólo para "tener" como a menudo lo hace nuestra sociedad consumista, dado el énfasis que coloca en este segundo elemento el actual modelo de desarrollo.

Consecuentemente es necesario tomar en cuenta el conjunto de las necesidades humanas y no sólo algunas de ellas. Es evidente que los programas de desarrollo deben ser realmente eficientes en la producción de los bienes materiales necesarios a la satisfacción de las necesidades físico -biológicas del ser humano. Pero igualmente necesario es la respuesta a las necesidades de tipo intelectual, afectivo, psicológico y social que son las que nos diferencian de los otros seres de la naturaleza dándonos muestra identidad propia.

En segundo lugar es necesario recordar que el desarrollo implica producir bienes para satisfacer el conjunto de necesidades humanas, pero no sólo de algunos sino de todos los seres humanos. En otras palabras no existe posibilidad de desarrollo realmente humano sin solidaridad, sin equidad. El ser humano no es verdaderamente tal sin los aportes mutuos de todo tipo que se realizan en el seno de la organización social. Y la equidad en un proceso de desarrollo tiene que hacerse efectiva al menos en cuatro ámbitos.

Equidad entre los países. Difícilmente se puede hablar de un proceso sano de desarrollo si la abundancia de unos se construye y se mantiene a partir de la pobreza de otros. Especialmente si los primeros derrochan los bienes que para los otros son vitales.

Lo mismo se puede afirmar en relación a la situación entre los diversos grupos sociales y étnicos, lo que ha sido denominado equidad intrageneracional, y que dice relación a los problemas de distribución de ingresos y generación de oportunidades.

De la misma manera un verdadero proceso de desarrollo debe considerarse la equidad intergeneracional, es decir, el hecho de que el desarrollo de una generación no puede comprometer el de las siguientes (Yujervic A., 1993) Este tipo de equidad dice relación a la preservación de los recursos productivos, al cuidado del medio ambiente.

Y finalmente debe necesariamente tomar en cuenta la situación de la mujer en nuestras sociedades. Si no se avanza en forma y significativa respecto a la equidad de género se está afectando negativamente del desarrollo de la mitad de la población del planeta.

Si la producción de bienes no considera el conjunto de elementos señalados y que se desprenden de la dimensión humana del proceso, se corre seriamente el riesgo de que todo el esfuerzo conduzcan sólo a un crecimiento frustrante. En la medida que les corresponda, los programas de desarrollo deberían seriamente plantearse cómo responder adecuadamente a esta temática o con quién tendrían que complementarse para este efecto.


2. LA DURABILIDAD DEL PROCESO DE DESARROLLO DEPENDE NO SOLO DE LO QUE PASE CON LAS COSAS, SINO TAMBIEN DE LOS QUE SUCEDA CONF LAS PERSONAS.

Las necesidades del ser humano son permanentes y por lo tanto, el proceso de producción de bienes destinados a su satisfacción debe necesariamente ser continuo o estable en el tiempo. Aún más, dado el déficit de satisfacción existente, el proceso debería ser continuo y creciente. La posibilidad de durabilidad en el tiempo es lo que generalmente se denomina sustentabilidad. Y se entiende por desarrollo sustentable aquel que asegura su permanencia en el tiempo basado en la forma como utiliza los recursos naturales en la producción de los bienes; es decir una utilización que no los agote ni los degrade. Pero ésta es una de las condiciones de durabilidad del proceso, no la única. El hecho de que las personas no sólo son consumidores de los bienes producidos sino también productores de esos mismos bienes, hace que lo que suceda con ellas comprometa también el resultado. Por esta razón, no basta con considerar sólo la adecuación bienes-necesidades en un programa de desarrollo. Igualmente indispensable es tener en cuenta la forma como esos bienes son producidos. De no ser así el esfuerzo por producir ciertos bienes puede fácilmente enterar en contradicción con la satisfacción de necesidades humanas de otro tipo. La compleja organización de la producción en la sociedad actual, la creciente división y automatización del trabajo, la cada día mayor separación entre el conocimiento y la ejecución, hacen del esfuerzo productivo una actividad que si bien entrega ingresos, carece de sentido en sí misma no permitiendo ni creatividad ni iniciativa. Para la mayoría de los seres humanos la actividad productiva, el trabajo en una fábrica o en una oficina, se va progresivamente convirtiendo en una acción rutinaria, deshumanizada, frente de frustraciones más que de desarrollo de la persona.

Si se considera por ejemplo el caso de una comunidad campesina, la durabilidad de su proceso de desarrollo va a depender tanto de la conservación de su potencial productivo como del desarrollo de las personas, de sus capacidades, de sus potencialidades, de su iniciativa, creatividad y responsabilidad. Algo similar sucede con una comunidad urbana. En este caso siempre se ha pensado que el ingreso no se origina en aquello que el otorga su identidad al poblador, es decir, su lugar de habitación.

Sin embargo, es necesario hacer al menos dos consideraciones a este respecto. La primera es que el mejoramiento del hábitat, fuente de satisfacción de importantes necesidades del poblador urbano, depende en forma decisiva de su propia responsabilidad. La segunda, es que en forma creciente el espacio urbano se va convirtiendo también en espacio productivo y no sólo de habitación. Es el caso, por señalar sólo un ejemplo, la creciente importancia de la agricultura urbana en numerosos lugares en el mundo como fuente al menos complementaria de ingresos o como ahorro al gasto de alimentación familiar.

En una palabra la permanencia en el tiempo del proceso va a depender de lo que suceda con las cosas pero también, y en forma muy determinante, de lo que pase con las personas. Lo primero está en directa relación con lo segundo, ya que es una expresión de la relación dialéctica entre el hombre y su medio: el hombre depende de su medio para desarrollar su vida y el medio depende del hombre en el sentido de que puede cuidarlo o degradarlo. La preocupación por tanto en un programa de desarrollo por el crecimiento de las personas y de sus potencialidades, así como por la recuperación de la armonía entre el hombre y su medio pasan a ser así un objetivo central del proceso en vista a asegurar su durabilidad.


3. SIN LA PARTICIPACION REAL DE LOS GRUPOS DE BASE NO ES POSIBLE UN PROCESO ESTABLE DE DESARROLLO.

El punto es casi una simple explicación que se deriva de las consideraciones anteriores. Pero el uso que se ha hecho del término participación justifica hacer el esfuerzo por reexaminarlo. Casi no existe políticas o programas de desarrollo que no consideren en su formulación la participación de los destinatarios. Ella es una condición que compromete la estabilidad y la eficiencia de los programas. Pero no cualquier tipo de participación hace posible conseguir estos objetivos.

Es evidente que participar en un programa de desarrollo no es sólo recibir los beneficios de éste. Tampoco lo es, el asumir el rol de simple ejecutor de actividades decididas y organizadas por otros. Poniendo el énfasis en este aspecto del desarrollo Bunch (1985) lo define como "el proceso a través del cual la gente aprende a hacerse cargo de sus propias vidas y a resolver sus propios problemas".

En relación a la participación de los grupos de base en su desarrollo, dos elementos al menos es necesario destacar en esta definición. El primero se refiere a que participar realmente implica tomar parte en el conjunto del proceso y no solamente en algunas de sus partes. Si no es así difícilmente se logrará un compromiso duradero y creciente de las personas y grupos con su propio desarrollo. En relación a grupos de pobladores lo anterior significa tomar parte activa en el diagnóstico de su situación, en la elaboración del programa, en la planificación de las actividades, en su ejecución y en la evaluación de los resultados.

El segundo elemento se refiere a que se trata de un proceso, es de decir algo que se realiza en el tiempo y sobre lo cual se va generando un aprendizaje.

La experiencia de trabajo en programas de desarrollo muestra que en general es utópico pensar en la posibilidad de una participación plena de las personas y grupos de base al inicio de un programa. Para lograrlo se hace necesario el diseño de un proceso reciente que implica la paulatina toma de conciencia de las carencias y necesidades, la comprensión de sus relaciones y causas, su importancia relativa así como las diferentes posibilidades de ser solucionadas, hasta llegar a etapas en que esas necesidades pueden ser convertidas en demandas y planes de trabajo. Pasar de necesidades personales y muchas veces puntuales a una expresión madura y consciente de intereses permanentes de grupo constituye un proceso que toma tiempo de consolidación y que no se realiza sin dificultades. Sin embargo sin él no es posible hablar de una verdadera participación. Por otra parte, es un proceso que madura en la acción. Se aprende a participar, participando, a condición de que la reflexión sobre lo hecho realimente e ilumine las nuevas tomas de decisiones.

 


4. AUNQUE ES INDISPENSABLE, LA ACCION DEL GOBIERNO NO ES SUFICIENTE PARA LOGRAR UN PROCESO DE DESARROLLO QUE SEA DURADERO

Nadie podría seriamente cuestionar la importancia de la acción de los gobiernos frente a los problemas del desarrollo. El fomento del crecimiento económico, la consiguiente generación de empleo, la creación de políticas para mejorar la distribución del ingreso, la formulación de políticas y programas en las áreas sociales, la inversión en infraestructura, los programas de subsidios a los sectores no productivos de la población, las políticas de eficiencia ecológica en el uso de los recursos, son algunos de los tantos ejemplos en que los gobiernos son actores principales, si no muchas veces únicos, en vista a que estos elementos del desarrollo se hagan realidad.

El problema surge cuando explícita o implícitamente se tiende a confundir una condición necesaria con una suficiente, o dicho en otra forma, a un actor importante se le otorga el carácter de actor único. El aporte gubernamental dirigido a las actividades de desarrollo es indispensable pero insuficiente; existen otros aportes también necesarios. La naturaleza misma del Estado, preocupado por el conjunto de la realidad nacional, hace que los gobiernos deban ubicarse en niveles muy globales que tienden a generar políticas y programas de tipo general los cuales difícilmente toman en consideración peculiaridades locales, tanto en relación a los tipos de necesidades y prioridades como a las posibilidades de aportes que se originen en esas mismas localidades.

La forma de organización del Estado, por otra parte, reflejada en Ministerios y Servicios, que necesariamente deben parcializar la realidad a fin de poder actuar sobre ella, supone un "receptor" de las políticas y programas capaz de adecuarlos a su realidad específica, armonizarlos y priorizarlos en relación a sus necesidades. Si pensamos en un poblador no organizado o en una comunidad relativamente aislada las capacidades reales de efectuar lo anterior, son pequeñas o nulas.

La experiencia confirma esta apreciación mostrando la dificultad de los programas de desarrollo de los gobiernos para lograr una participación real de los destinatarios. Por el contrario muchas veces contribuyen más bien a inhibirla sustituyéndola por actividades impuestas "desde arriba", comprometiendo de esta manera su eficacia y su durabilidad.

No siendo homogénea la sociedad, la acción gubernamental debería necesariamente asumir características diferentes de acuerdo a los diversos grupos con que interactúa.

Si se trata de grupos menos favorecidos y más necesitados su rol debería ser el de crear las condiciones para su desarrollo y fomentar su participación real.

Si, por el contrario, se trata de sectores de mayores recursos, su rol de control pasa a ser crucial a fin de asegurar un desarrollo con equidad.


5. SOLO HAY DESARROLLO DE LOS GRUPOS DE BASE SI ESTOS, DE SIMPLES BENEFICIARIOS, SE CONVIERTEN EN ACTORES

Si hacemos la comparación entre el cuadro de necesidades humanas (sociales, sicosociales, sicológicas, bio-sicológicas y biológicas (Komenetzky citado por Yurjevic, 1993) y las características de los programas gubernamentales de desarrollo, podemos ver que una gran parte de esas necesidades no son cubiertas por este tipo de programas. Los efectos de esa situación se expresan en las insuficiencias ya señaladas: frustración, insatisfacción, apatía, desmotivación en relación a su propio progreso.

Por otra parte los responsables de implementar estas políticas hacen ver, y con razón, que en la practicas es imposible que programas generales pueden hacerse cargo de la diversa y compleja situación cultural, histórica, social, económica y productiva de cada uno de los grupos a que deben alcanzar.

Esto hecho los lleva a ofrecer elementos muy importantes pero parciales, tales como crédito, asistencia técnica, facilidades para la comercialización, elementos de capacitación y otros similares. Algo parecido sucede con los otros agentes que intervienen en el proceso de desarrollo: las instituciones generadoras de conocimiento (Instituciones de Investigación), las formadoras de profesionales y técnicos (Universidades e Instituciones Técnicos), las que ofrecen el apoyo económico (Bancos e Instituciones de Financiamiento), las que entregan posibilidades de comercialización y de generación de empleos. (Empresa Privada), las organizaciones sociales que asumen la representación de los grupos, las instituciones que prestan asesorías o apoyan el proceso (Agencias Internacionales de Desarrollo, Empresas de Transferencia Tecnológica y otras). Cada una asume un aspecto necesario pero parcial, tiene sus limitaciones y se enfrenta a problemas de coordinación y complementación con las demás que disminuyen la eficacia de sus aportes a los grupos de base (Arbour, 1994).

La consolidación de un proceso estable y creciente de progreso en los grupos de base es el producto de un cambio interno mas que de solo la sumatoria de aportes externos. Ese cambio implica pasar de receptor de un aporte a se actor en el proceso. Ser actor o sujeto, y no solo receptor u objeto de un programa implica llegar a ser capaz de concebir, decidir, negociar, planificar, ejecutar y evaluar su propio proyecto de desarrollo.

Los programas de tipo nacional y muchas veces también los de carácter regional asignan a los grupos de base sólo el rol de ejecución reservándose para sí los otros elementos con nula o mínima participación real de esos grupos. Pero si se busca su maduración la ejecución puede ser el punto de partida de los grupos parar ir asumiendo también los otros roles. Y es en la interacción con los otros actores, instituciones, programas de gobierno y otros, que el grupo de base va madurando como actor, comprendiendo y haciéndose cargo de su propio progreso. El carácter eminentemente social del ser humano hace que el que no interactúa con los demás, el que se aísla, termina por degradarse.

Lo anterior constituye el elemento central de un proceso de desarrollo desde la base y un factor que puede asegurar una real participación y su consecuente estabilidad y durabilidad. En este sentido se podría afirmar que el objetivo mínimo del desarrollo de base es el sacar a los pobres de la invisibilidad ayudándoles en las primeras etapas a mejorar su hábitat y su ingreso. A partir de estos logros podrán paulatinamente llegar a tener la presencia y poder social que les permita seguir progresando.

Esta manera de entender un desarrollo de carácter humano hace evidentemente cambiar la funcionalidad de los programas de tipo gubernamental. Sin disminuir en un ápice la necesidad absoluta de sus aportes, ellos deberían ser concebidos realmente como tales, aportes funcionales a posibilitar y complementar el proceso de maduración de actores de base. De esta manera éstos podrán tomar en forma adecuada las decisiones conducentes a la realización de su proyecto de desarrollo.

A veces se piensa que la forma de adecuar los programas a las situaciones y necesidades más específicas de las personas y grupos se resuelve por el hecho de acercar las instituciones de gobierno a espacios más reducidos. Es evidente que en la medida que se avance en la formulación de programas a nivel de la Región o de la Comuna (Gobierno local) las distancias tienden a acortarse, aunque no necesariamente a desaparecer. El desarrollo local y lo que aquí se ha denominado desarrollo desde la base no son procesos necesariamente de la misma naturaleza.

Un desarrollo local puede ser concebido y ejecutado "desde arriba", desde la esfera de la autoridad y los servicios locales, sin la participación real de los grupos de base y en consecuencia, sin efectos y positivos respecto a la construcción de sujeto de base. O puede suceder que no considere la participación real de todos y su efecto sea la consolidación de grupos de poder o caudillismos locales.

El desarrollo desde la base se genera a partir de espacios en general más pequeños y de naturaleza diferente al del gobierno local, el que ha sido definido por criterios de tipo administrativo. Son espacios que podrían denominarse micro-locales tales como la comunidad, de vecindad, la población o situaciones similares. Es decir donde se dan las relaciones cotidianas de vida entre las personas, espacios al que éstas reconocen como lugar de pertenencia y de donde surgen los primeros grupos, más o menos estables o esporádicos, en torno a necesidades e intereses comunes. Es en estos espacios donde se pueden dar las primeras y determinantes etapas de maduración como actores de base para el desarrollo.

Por otra parte el espacio macro-local, normalmente la Comuna, resulta ser el lugar privilegiado de encuentro entre el actor que ha surgido y madurado en la base y el actor gubernamental. Este encuentro no estará nunca, en la práctica, carente de tensiones y conflictos de intereses, de concepciones diversas de cómo realizar las tareas o con criterios dispares sobre prioridades.

6. LA MADURACION DE LOS POBLADORES COMO ACTORES DE SU PROPIO DESARROLLO ES FACTIBLE EN LA MEDIDA QUE SE DEN CIERAS CONDICIONES.

Como cualquier otro grupo que constituye la sociedad los pobladores urbanos están condicionados en su esfuerzo por llevar adelante su proceso de desarrollo. Los otros grupos sociales con sus propios intereses y dinámicas, las orientaciones y políticas de las instancias de gobierno, la situación económica del país así como las prioridades del modelo de desarrollo son algunas de las fuentes de esos condicionamientos.

A ellas se suman las condiciones internas: las derivadas de su propia historia como pobladores, las limitaciones de diversa naturaleza que han experimentado, su debilidad como grupo de poder dentro del conjunto social, etc.

El planteamiento de su construcción como sujetos de su propio desarrollo significa aumentar los márgenes de autonomía, disminuir las relaciones de dependencia, pero de ninguna manera pretender suprimir los vínculos de integración social. Lo que se pretende más bien es que esa integración vaya convirtiéndose en un aporte positivo de los otros entes sociales al desarrollo del poblador y no en su obstáculo.

En el caso específico de los pobladores urbanos existen condiciones que adquieren una especial relevancia si se desea que lo anterior pueda hacerse realidad. No son las únicas pero la experiencia ha mostrado que sin ellas un programa de desarrollo urbano dirigido a pobladores con recursos limitados tiene pocas posibilidades de éxito y permanencia.

Cada una de las cuatro condiciones que se mencionan a continuación debería ser materia de un amplio análisis imposible de realizar aquí a cabalidad.

a) La primera dice relación a que no es posible desarrollarse como actor social si se actúa solamente en forma individual.

La naturaleza misma del ser humano implica que no sea posible el crecimiento en plenitud de la persona sin la relación con los demás. Lo anterior supone por lo tanto que un desarrollo poblacional es necesariamente un desarrollo comunitario, grupal. Y esos grupos son los que propiamente constituyen un actor social.

El desarrollo de la organización en sus diversas manifestaciones y niveles debe necesariamente constituir un elemento central de todo programa de desarrollo ya que ella debe llegar a ser expresión de la identidad del poblador como sujeto, al mismo tiempo que condición de su eficiencia en las acción.

En otras palabras ella es la que debe concebir, negociar y ejecutar su proyecto de desarrollo.

b) La segunda condición que es indispensable mencionar dice relación a la situación de la mujer en los programas de desarrollo.

Si bien éste es un punto que debe ser seriamente revisado en cualquier programa de este tipo, en el caso del desarrollo poblacional lo anterior es especialmente importante. Ella, siendo víctima de la discriminación existente a nivel del conjunto de la sociedad, es sin embargo clave en los programas urbanos como ha quedado demostrado históricamente.

El enfoque de género en dichos programas deberá necesariamente considerar tanto la condición de la mujer pobladora (su estado material) como su posición (su situación de poder social) y las relaciones que se establecen entre estas dos dimensiones.

De la misma manera deberá tener en cuenta la diversidad de roles que ella desempeña en el ámbito poblacional a fin de que su armonización haga posible su crecimiento y maduración como persona y sujeto social.

c) Un tercer elemento que condiciona el éxito de los programas de desarrollo es el enfoque tecnológico con que se busca la solución a los diversos problemas del poblador.

La tecnología deberá ser repensada no sólo en relación a la eficiencia para la producción de los bienes que se necesitan sino, también respecto a los efectos que producen en las personas que la usan.

En este sentido se trata de utilizar en los programas soluciones tecnológicas que permitan y favorezcan una efectiva participación de los involucrado en el programa. Que permita su creatividad y sea factor así de aumento de la autoestima. Que tenga la flexibilidad necesaria que haga posible su utilización en la solución de problemas inmediatas y más puntuales ligados a la sobrevivencia pero también su evolución en relación a otros más permanentes como la generación de ingresos, por ejemplo.

d) La cuarta condición surge también de lo que ha mostrado la experiencia en el ámbito del desarrollo de base en el sector poblacional urbano.

Difícilmente se van a producir procesos como los analizados anteriormente, en forma armónica, equilibrada y progresiva sin la acción de un agente institucional que actúe de catalizador de esos procesos.

La atomización del sector así como su situación de retraso y dependencia hacen en la práctica necesaria la presencia de instituciones que ayuden y favorezcan el desarrollo desde la base, la constitución de sujetos sociales.

Dos tareas al menos debe realizar este tipo de instituciones para que el actor social potencial que existe en el poblador llegue a convertirse en actor real.

Por una parte, la generación aplicación de una metodología de apoyo que facilite la participación y maduración del poblador y no las inhiba.

Y, en segundo lugar, facilitar la articulación eficiente y fluida de los diferentes agentes que deben hacer su aporte para posibilitar este tipo de procesos.

Aportes de tipo económico, del campo del conocimiento, del ámbito de la generación de políticas; hechos por instituciones de diversa naturaleza, de tamaños muy dispares y que responden a concepciones, prioridades e intereses diversos no son fáciles de armonizar respecto a programas de desarrollo que sean coherentes y que apunten a la maduración de actores de base.

Si bien ninguna de las condiciones y criterios esbozados en estas líneas son de fácil aplicación y su implementación significa un esfuerzo considerable, éste no es, sin embargo, desproporcionado cuando el objetivo que se propone es el de aportar a un desarrollo más humano y sustentable de los pobladores urbanos.

 
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