Proyecto Tomé: Invertir en los Pobres para permitirles Generar Riqueza
Alejandro Montero -Andrés Yurjevic Ph.D.
CET-CLADES, Chile

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La comuna de Tomé está ubicada en la costa centro sur de Chile. En esta micro región, conviven campesinos minifundistas con pescadores artesanales y pobladores urbanos.

Su historia está ligada a la industria textil compuesta por tres fábricas que generaban más de 4.000 puestos de trabajo estables y relativamente bien remunerados, ya que quienes trabajan en ellas eran obreros calificados. Era esta masa de consumidores la que daba vida económica a Tomé dinamizando el comercio y otras manufacturas artesanales.

En 1982 las tres fábricas textiles deben cerrar sus puertas por estar incapacitadas para competir con la producción de otras latitudes. El ajuste estructural no dio tiempo para que estas actividades productivas pudieran hacer una renovación tecnológica; aumentando su productividad y disminuyendo costos. Las políticas de cambio fijo impidieron toda posibilidad de llegar al mercado externo y aranceles del 10% anularon los esfuerzos de racionalización para tener un precio competitivo en el mercado interno.

En pocos meses, más de 7.500 personas quedaron cesantes, es decir, cerca de la mitad de la fuerza de trabajo urbana, lo que significó una caída vertiginosa en la calidad de vida que se había alcanzado. El índice de alcoholismo llegó a ser uno de los más altos del país y el déficit habitacional obligó a las familias a albergar sus parientes. La suma de estos factores hace que el 45% y el 19% de sus 49.260 habitantes urbanos comiencen a vivir en la pobreza y en la indigencia, respectivamente. Para el conjunto de la población la supervivencia se transformó en una tarea urgente e inevitable, ya que, con un ingreso per cápita anual promedio de aproximadamente US$252, la alimentación no estaba asegurada.

Por su parte, el sub-sector pesquero absorbe 2.022 pescadores, de los cuales el 60% se dedica a la recolección de algas, trabajo que es realizado principalmente por mujeres y, se reactiva una de las fábricas textiles dando ocupación a alrededor de 1.160 trabajadores con un salario mensual de aprox. US 100.

La experiencia de desarrollo que se presenta corresponde a familias pobladoras que habitan en Tomé, los cuales serán protagonistas importantes en la ejecución del proyecto. Estas familias han sido capaces de manejar un ecosistema altamente frágil y degradable de manera productiva, como tal vez no lo hecho ningún otro grupo en nuestro país. Los mismos que ayer fueron obreros textiles o trabajadores que se ganaban la vida en otras actividades económicas, hoy día organizan a sus comunidades para que pueden producir alimentos para la familia y vender en el mercado local los pequeños excedentes que se generan.

 

Los pobladores y el CET

Presionados por buscar respuestas de bajo costo, que respondan a las necesidades alimentarias y puedan ser ejecutada por los pobladores, un grupo de vecinos decide acercarse al CET para conocer las experiencias de esta institución en agricultura urbana sustentable. La motivación de este grupo humano incentiva al CET a invitarlos participar en una jornada de trabajo para aprender a hacer un huerto familiar orgánico.

A partir de dicho momento la relación entre ambas partes se ubica en un nivel de igualdad, donde ambos aprenden y entregan conocimiento. Los pobladores visitan comunidades en las que ha trabajado el CET y se les refuerza la intuición que las propuestas técnicas y de trabajo social que observan serán de gran utilidad para las comunidades y familias tomecinas.

Ambas partes comparten la idea que la alimentación debe ser garantizada por el esfuerzo local y que es indispensable formar una primera generación de monitores que sean los que difunda los conocimientos aprendidos.

Los pobladores son de la idea de conocer lo que el CET sabe sobre huerto familiar orgánico e invernaderos; manejo de colmenares, crianzas menores de aves y conejos, frutales; construcción de hornos de barro para fabricación del pan y diseño óptimo del espacio que rodea sus casas. Así comienzan a realizar experiencias y pueden tener una oferta amplia de posibilidades para incentivar la participación de sus vecinos. La legitimación que este grupo de pobladores tomecinos logra en el conjunto de la población es impresionante. Este hecho se refleja en un crecimiento de la auto-confianza, que los lleva a decir que se sienten capaces de proponer caminos concretos para solucionar los problemas de alimentación y de iniciar nuevas actividades ligadas a micro-empresas para generar ingresos.

Al año de haberse recuperado del sistema democrático en Chile, el Congreso aprueba una ley para la elección directa de las autoridades municipales. Frente a esta nueva coyuntura los pobladores organizan una asamblea abierta a todos los habitantes del pueblo, para mostrar sus trabajos y dialogar públicamente con los candidatos a concejales del municipio de Tomé. Este acto marca una nueva etapa en la vida de los pobladores, por primera vez pueden pensar en influir en la política social municipal fijando algunas de sus prioridades. Es el momento de hacer ver a las autoridades que es rentable invertir en los pobres no sólo por razones sociales sino también por otras de tipo económico.

A los pocos meses de haber asumido el nuevo gobierno municipal, éste invita a los pobladores a dialogar sobre un programa de desarrollo basado en los contenidos propuestos por los pobladores en la asamblea comentada, el que sería expandido cada año a un número mayor de familias de acuerdo a los resultados que se lograsen. Los pobladores aceptan e invitan al CET a participar, de modo que se eviten errores que pudiesen dañar la confianza ganada.

El Programa Acordado

En el diseño del programa se establecen los aportes de cada participantes, sean estos recursos financieros, conocimientos, trabajo, infraestructura, acompañamiento y asesoría profesional. Se establece una metodología clara para incentivar a la población a participar y se ratifica que el rol de liderazgo corresponde a los pobladores.

El resultado de la articulación generada se expresa en un plan de trabajo que establece un período de tres años para trabajar con aproximadamente 400 familias, sobre la base de un modelo construido a partir de las experiencias positivas de los mismos pobladores. Dicho plan tiene un análisis, costos y beneficios, inversiones, productividades y un calendario de implementación realista que optimiza el uso de la energía familiar entre trabajo asalariado y otras actividades.

El modelo acordado plantea que una familia que cuente con una superficie disponible de 62 m2 puede incluir en ella 40.5 m2 de huerta intensiva para producción de hortalizas, 32 aves a los largo del año mantenidas en 6 m2, 38 conejos durante el año ocupando 7m2, 4 colmenas en una superficie de 4m2 y un horno de barro para la elaboración de pan.

Esta propuesta significa poder producir alrededor de mil kilogramos de alimento al año, los que se distribuyen en:

Alimento
Cantidad (kgs)
Hortalizas
354.0
Conejos
53.4
Huevos
40.1
Pollos
28.8
Miel
66.0
Pan
453.7
Total
996.0

Esta tonelada de alimentos permite cubrir el 66% de los requerimientos de proteínas, el 35% de las calorías, el 85,8% de la vitamina C, el 97,1% del fierro y el 58,8% del calcio que requiere la familia.

Logros Alcanzados

La primera evaluación realizada ha permitido sacar conclusiones proyectadas para los tres años del programa, debido a que existe un número importante de familias que por tener más tiempo implementando las mismas unidades productivas, han servido de testigo.

En cuanto a la seguridad alimentaria las metas para le primer año y medio han superado las expectativas, lo que permite pensar que la tonelada de alimentos propuesta es una meta factible. Según lo planificado en 1993 se debería haber obtenido un 29% del volumen esperado, sin embargo se llegó a un 45%. Este hecho se explica porque la calidad de la capacitación entregada ha mejorado notablemente y la legitimidad del programa se ha visto reforzada por el aval de la autoridad local.

Debido a que los alimentos han sido producidos y no comprados en el mercado, es factible el logro de un ahorro al tercer año de U$ 736,1 de acuerdo al cuadro siguiente:

Alimento Producido
Ahorro (US$)
Hortalizas
223.6
Conejos
54.5
Huevos
22.5
Pollos
11.5
Miel
101.5
Pan
22.1
Total

736.1

El ahorro de US$ 736,1 resulta de hacer una resta entre el valor de mercado a precio de venga a público de la tonelada de alimentos y los costos de producción directos (semillas, alambre, agua) e indirectos (capacitación).

Ligada al tipo de producción realizada han comenzado a plantearse algunas micro-empresas entre las cuales resalta una pequeña fábrica productora de alimentos para aves. Se trata de un grupo de mujeres que preparan el alimento para las aves y venden su producto a quien los quiera adquirir, con un descuento para las familias que participan en el programa. La información sistematizada muestra que la producción se ha duplicado entre 1992 (5.520 kgs) y 1994 (12.494 kgs), proyectándose a 20.788 kgs en 1995. El ingreso neto por participantes subirá de US 40.7 anuales a US$ 323,6 en 1995, debido a que la productividad de la mano de obra se ha incrementado notablemente. Esto significa que cada hora trabajada en la micro-empresa remuneraba 2.6 veces en relación a lo que se obtendría por hora trabajada con el salario mínimo nacional, diferencia que subiría 3,9 en 1995. Este hecho constituye para el poblador, un vigoroso incentivo para buscar ideas rentables que le permitan trabajar en lo propio. De esta forma el poblador puede capitalizar para dejar atrás la pobreza y protegerse en los períodos de crisis.

Desde el punto de vista de la capacidad de gestión social, el proyecto muestra un nuevo estilo de relación entre comunidad pobre organizada y autoridad gubernamental. Hoy día se demanda inversión en capital humano, facilidades para la participación social y acceso a préstamos blandos avalados por el conjunto de pobladores que lo solicitan. También debe incluirse la capacidad de mejorar el hábitat haciendo uso de los principios de sustentabilidad, embelleciéndolo y disminuyendo los riegos de enfermedades causadas por un inadecuado manejo de las letrinas y el reciclaje de las basuras.

La existencia misma del programa muestra la capacidad de los pobladores de gestionar recursos y manejarlos adecuadamente, de modo que el esfuerzo realizado se refleje en una mejora real de los ingresos y de la calidad de vida. En relación al ingreso podemos señalar que, si se adicionan al ingreso mínimo por trabajo asalariado (US$ 1.200/año), el ahorro por la producción de alimentos (US$ 736), y el ingreso esperado (US$ 170), por participación en una micro-empresa como la descrita, llegamos a un ingreso familiar anual de US$ 2.106.

Esta cifra requiere de un comentario importante. Si bien el ingreso per cápita anual US$ 501 queda por debajo de la línea de la pobreza que es de US$ 634, el déficit queda compensado al incluirse en el ingreso calculado una importante proporción de los bienes que supone la canasta básica de alimentación que define dicha línea.

Reflexiones de la experiencia de desarrollo de Tomé

Los pueblos que progresan son aquéllos que invierten en capital humano no sólo porque es altamente rentable sino por los incentivos a la superación que genera en los seres humanos. Lo curioso es que esta premisa no ha sido aplicada de manera efectiva a los campesinos y pobladores pobres.

La experiencia de Tomé muestra que si los pobladores son los protagonistas del proceso de desarrollo y la capacitación que se entrega moviliza sus capacidades y recursos, pueden lograrse avances significativos en la lucha contra la pobreza sin que se deteriore el medio ambiente. Para que esto ocurra la inversión debe ser un complemento proporcionado a las necesidades, recursos materiales y conocimientos existentes de la población local. Así los pobres dejan de ser una carga social para transformarse en creadores de riqueza.

En el caso de Tomé los cálculos disponibles nos indican que la rentabilidad de la inversión ha sido y continuará siendo alta.

Antes de completar el tercer año, el producto generado habrá doblado la inversión realizada y, posiblemente si se continúa entregando el apoyo logístico que el proyecto requiere en cada una de sus fases, cada familia podría gradualmente reintegrar a un fondo social al menos una parte de lo recibido.

Lo anteriormente señalado es lo que permite pensar que el proyecto Tomé se mantendrá en el tiempo, ya que se trata de una inversión que es económicamente rentable a nivel de cada familia.

 
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