Revista de CLADES
Numero Especial 8/9
Octubre 1995


Foto de Portada: Honduras. UNHCR/12231. H.Metón
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Un Desarrollo Rural Humano y Agroecológico A. Yurjevic
El Rol de la Universidad en la Incorporación de un Enfoque Agroecológico para el Desarrollo Sostenible E. Sarandón y G. Hong
Bases y Estrategias Agroecológicas para una Agricultura Sustentable M.Altieri
Manejo Biológico del Fosforo en el Suelo C.Montecinos
Tecnologias y Conocimiento Campesino en los Andes del Perú: Base para una Propuesta Agroecológica J. Sánchez
Diversifcación de Cultivos: Policultivo de Maíz y Zapallo
Asociación de Lupino a Especies Leñosas: Resultados Preliminares de Algunas Interacciones
Incidencia de Spadóptera Frugiperda en Dos Sistemas de Maíz
Acuicultura y Sustentabilidad a través del Manejo de los Recursos Integrados
En artículos académicos del norte ha comenzado a surgir la inquietud sobre la validez de la disciplina llamada DESARROLLO. En muchas universidades es usual encontrar carreras de pre-grado y post-grado en Estudios del Desarrollo. Estos incluyen temas centrados en la temática del subdesarrollo, como los relativos a deuda externa, equidad social y género.

Las teorías del desarrollo que se han elaborado tuvieron importantes repercusiones en las políticas de los organismos de cooperación al desarrollo. Sin embargo, en el último tiempo pareciera que la teoría económica hubiera absorbido las preocupaciones que cubría la temática del desarrollo. En los hechos la teoría del crecimiento económico ha pasado a ser sinónimo de teoría del desarrollo. Esto es lamentable, ya que dentro de la propia disciplina económica esta visión es cuestionada por encerrar un peligroso simplismo.

Mientras tanto, en el sur ocurre lo opuesto. Históricamente las instituciones académicas han diluido la temática aludida en disciplinas como la economía, la sociología y las ciencias políticas. Esta lógica reduccionista ha significado que las universidades paguen un alto costo institucional al no haber construido una voz propositiva que hable sobre cómo superar la pobreza, detener los daños medio-ambientales y precisar el rol de la sociedad civil y del gobierno en la vida nacional. En cierta medida lo comentado está en el centro del argumento que explica la erosión de la universidad latinoamericana en esta área los ojos del ciudadano común, y de las instituciones privadas y públicas.

Lo dicho explica en parte la decisión de CLADES como institución -cuya misión es potenciar las acciones que realizan las instituciones no gubernamentales-, de entregar un enfoque y una estrategia para el desarrollo rural denominado "Desarrollo Rural Humano y Agroecológico" (DRHA). Esto supone poner el énfasis en construir actores sociales que puedan mejorar la calidad de vida de la familia campesina, esfuerzo que demanda invertir en instituciones de promoción y en políticas de acción que potencien las capacidades de la mujer y de la familia. También hay que dar prioridad al diseño de tecnologías sustentables y a la capacitación en gestión económica, para así mejorar la capacidad de capitalización de las comunidades rurales.

El enfoque planteado parte de la premisa de que los pequeños productores hacen un importante aporte al bienestar nacional. Para que esto tenga validez, las instituciones responsables del desarrollo rural se deben concertar para potenciar las capacidades locales. Es necesario que emerjan instituciones líderes que trabajen con las comunidades, influyan y enriquezcan las políticas de desarrollo rural e introduzcan en la universidad la doble preocupación por formar profesionales e invertir en investigación agroecológica para hacer posible el DRHA.

Un aspecto importante de resaltar, en esta perspectiva, es el tratamiento que se da a la innovación tecnológica, la que tiene su origen en el marco conceptual de la agroecología.

La estrategia del DRHA descansa en dos afirmaciones capitales: la comprobación empírica de que las propuestas agroecológicas son consistentes tecnológicamente y perfeccionables en el tiempo, y la premisa de que la franja de productores económicamente viables puede ampliarse y que sus deteriorados sistemas productivos pueden alcanzar grados razonables de sus sutentabilidad.
Sin embargo, sería un error confundir a la agroecología con el enfoque del DRHA. Este último es un marco conceptual ordenador, que permite mirar la economía campesina como un sistema que debe evolucionar hacia niveles de eficiencia y armonía ambiental crecientes.

Todo parece indicar que los planteamientos de desarrollo que han comenzado a emerger no pueden ser reducidos a proposiciones sobre el crecimiento económico. Como tampoco puede aceptarse una estrategia de DRHA que no explicite su viabilidad económica.

Así llegamos a la conclusión de que vivimos en tiempos en que el buen sentido aconseja darles un espacio en el mundo académico a los planteamientos de desarrollo emergentes para posibilitar su consolidación. Sería un grave error no explicitar las hipótesis de estos avances conceptuales, soporte sobre el cual se puede construir un enfoque y una estrategia de desarrollo que tenga como supuestos: el fortalecimiento institucional, el protagonismo de la sociedad civil, la democracia política y un crecimiento económico sustentable y socialmente justo.

 
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